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[FF][WK] A confession on St. Valentin
MikiFecha: Domingo, 03-04-2011, 9:10 PM | Mensaje # 1
Aoba
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Como mencioné anteriormente, mi pairing por excelencia (?) es la de Aya x Omi, así que este es uno de esos fics ^^

Espero que sea de su agrado :3

Importante --->

Notas acerca del fic: Tiene palabras en japonés. En caso de que no entiendan algunas, por favor, sean amables de decírmelo y yo aclaro ^^

A confession on St. Valentin

Un nuevo día amanecía en la florería Koneko no sumu ie. Aya, Ken y Yohji recibían a las usuales clientas que día a día colmaban el local. Pero, este día en particular, su entusiasmo era muy especial…
- Cociné esto para ti, Yohji-san - dijo una de las muchachitas, extendiéndole al rubio una caja en forma de corazón, de color celeste.
- Muchas gracias, Señorita - agradeció el aludido, con una sensual sonrisa -. Pero, espero que recuerde que las muchachitas menores de 18 no son para mí…
- ¡Lo sé! - respondió, seriamente -. Por eso, quiero que me esperes.
Yohji se quedó frío, mientras muchas chicas más lo rodeaban, extendiéndole paquetes y chocolates por doquier.
Pero él no era el único, Aya y Ken también eran acosados por sus respectivas "fanáticas"
- ¡¡Arrgggghhh~~!! - exclamó Ken-. Tasuketeeee~~
- Ken, ¿dónde está Omi? - preguntó Aya.
- Etto… - dijo el morocho -. En su cuarto. Aún no está del todo repuesto luego de la última misión.
- Jya! - dijo Yohji, zafándose de las mujeres, lanzándolas a un costado XD -. Iré a despertarlo si quieren.
- Por favor… - suplicó Aya, esquivando a las muchachas que se hallaban a su alrededor.
Yohji se dirigió al cuarto del chibi. Encontró la puerta abierta, por lo que entró, sigilosamente.
- ¿Omi? - al entrar, halló al pequeño enjugándose unas cuantas lágrimas que había estado derramando -. Oi… Doushita?
- Mhh… Nada, Yohji-kun ^^ - simuló el aludido, con una sonrisa -. No te preocupes.
No del todo convencido por la voz tomada de Omi, se acercó a la cama y se sentó a su lado. Acto seguido, encendió un cigarrillo, le dio una pitada y lanzó el humo al aire.
- Es por Aya, darou? - preguntó, sin disimulo alguno.
- Ahh… Ehh… ¿¿¿Por qué dices eso???
- Aaaaaaandaaaaaaa… Estás hablando con un auténtico Casanova – respondió -. Sólo un idiota como Ken puede no darse cuenta de ello.
- Pobre Ken-kun…
- ¿Por qué no se lo dices de una buena vez?
- Etto… ¿Qué cosa? -preguntó el chibi, haciéndose el desentendido.
- Que lo amas.
- ¡Tú no lo entiendes! - exclamó, aferrando sus manos a las sábanas que se hallaban a ambos lados de su cuerpo.
- ¿Qué más da? - cuestionó Yohji, levantándose -. Si no lo haces, nunca lo sabrás.
- ¿Saber qué? - preguntó Omi, mirándolo.
- Si él también siente lo mismo por ti - respondió, mirándolo con una mirada mezclada con ternura y lástima.
- Es imposible…
- ¿Por qué?
- Porque los dos somos hombres… Porque mis manos están cubiertas de sangre… - dijo esto último mirándose las palmas -. Porque nosotros ya no somos capaces de amar…
- Sus manos están igual o más cubiertas de sangre que las tuyas, chibi. Pregúntaselo - saliendo del cuarto y cerrando la puerta a su paso -, cuando tengas la oportunidad…
Al salir, Yohji halló a Ken apoyado contra la pared frente al cuarto.
- Aya mandó a las clientas a volar.
- Era de esperarse – reconoció -. Sabes que ese gatito no tiene demasiada paciencia que digamos…
- ¿Pasamos al plan B? - preguntó Ken, en voz baja.
- Por supuesto que sí.

Los dos gatitos se dirigieron a sus respectivos cuartos y, al salir, se los veía vestidos para una cita…
Regresaron a la florería, donde se encontraron con un Aya con los nervios de punta.
- Aya, nos vamos - dijo Yohji, pasando a su lado, mientras el pelirrojo barría el suelo.
- ¡¿Qué?! ò_ó*
- Oi… Nosotros también tenemos cita el día de hoy - dijo Ken.
- Ahjá. Que tú seas un amargado que no tiene una mujer para pasar el día de hoy, no es nuestra culpa - dijo Yohji.
- ¡Ah! - recordó Ken, volviéndose -. Esto es para ti - le dijo a Aya, extendiéndole un sobre, con una fina caligrafía digna de la realeza, en donde estaba escrito su nombre.
- ¿De parte de quién es? - preguntó, tomándolo entre sus manos, oliendo el mismo.
- De una persona =3 - dijo Ken.
- Jya, nos vamos - dijo Yohji, apurando a su cómplice, luego de examinar la hora en su reloj -. Saa, ikou, ikou… - dijo, empujando a Ken fuera de la tienda.
Al salir…
- Espero que Aya-chan no esté enojada - dijo Ken, con paso apurado.
- Lo mismo digo de Sakura - dijo Yohji -. Esas dos enojadas son un caos…
- ¿Les compramos flores y chocolates para aliviar un poco la bronca? - preguntó Ken.
- Séh.

Aya: Hay tantas cosas que quisiera decirte, pero las mismas no pueden ser escritas en esta hoja. No alcanzaría la misma para expresar mis sentimientos. Te espero en el parque de la fuente, en dos horas.
Me reconocerás porque vestiré un buzo amarillo y verde, un pantalón beige y una gorra azul.

A la hora indicada, Aya estaba sentado en un banco de madera algo gastada, frente a la fuente.
En eso, sintió un aroma familiar, detrás suyo, que lo hizo sonreír.
- Me subestimaste si pensaste que no me daría cuenta que eras tú… - dándose vuelta para observar a su admirador misterioso -, Omi.
- ¿Cómo lo supiste?
- Fue tu aroma el que te delató… - respondió, algo avergonzado por lo que había dicho, dándole la espalda, debido a que sus mejillas se tornaron rojizas.
- Sou… Sou ka…
- Bueno - dijo Aya, levantándose de un salto. Omi bajó la cabeza, pensando que no aceptaría pasar ese día con él -. Vamos.
- ¿Eh? - atinó a decir el aludido, mirándolo.
- Esto es una cita, ¿no? - dijo Aya, sonriendo de un modo que Omi nunca había visto.
- Sí - asintió el chibi.
La jornada fue muy amena: fueron al cine, comieron algo en una casa de comidas rápidas y se divirtieron como nunca creyeron que serían capaces de hacerlo.
La tarde cayó, dándole paso a la majestuosa luna llena, cuando regresaron.
Al llegar al living, Omi bostezó.
- ¿Tienes sueño? - preguntó Aya, lanzando el sobretodo ocre al sillón, a lo que Omi asintió -. Ve a descansar un poco más. Yo también iré dentro de un rato. Debo reconocer que hace bastante tiempo que no hago esta clase de salidas. Además, tú siempre estás velando por nuestro bienestar - se acercó y le besó suavemente la frente -. Que descanses, Omi.
El chibi no pudo más que asentir con la cabeza, para dirigirse, con pasos torpes a su cuarto, donde, apoyado sobre la puerta, se percató que su corazón latía a mil. Suspiró y sonrió.
Era ya muy de madrugada cuando Omi volvió a darse la vuelta. Recién cuando tomó su celular para inspeccionar la hora, se dio cuenta que llevaba casi tres horas con insomnio. Se levantó y salió del cuarto. Pasó por los cuartos de Ken y Yohji, llevándose una sorpresa al hallarlos vacíos.
Posó sus ojos sobre la puerta del cuarto de Aya. Creyó que oyó los latidos de su corazón en el silencio de la casa, pero sacudió su cabeza, para salir de sus pensamientos.
Sus sentimientos de entregarse por completo a la persona que amaba, pudo contra todo: contra lo que le habían enseñado, contra las reglas de ser un asesino, contra su propio apellido…
Cuando se dio cuenta, se hallaba acariciando suavemente el rostro de su ser amado. Ese rostro tan pálido como la luna, que tanto había amado desde que había llegado a su vida, esa noche en la que Birman había advertido que mantenerlo con vida era de vital importancia. Sonrió al recordar cómo esquivó sus dardos y golpeó a otros tantos con su katana.
Sus dedos se acercaron a sus labios. Los sintió fríos al tacto, pero deseó aún más besarlos, sentir aquella gélida sensación aunque terminara muerto. Se mordió los labios, sangrando tras hacerlo con demasiada fuerza. Imperceptiblemente, se acercó y posó sus inocentes labios sobre ellos. Los saboreó largo rato, dándole suaves besos, pero se sorprendió sobremanera al sentir una presión en su nuca, abriendo los ojos y hallándose con los ojos amatistas de Aya…
Se zafó y se sentó de un salto en la cama.
- A…Aya-kun!!!
- No sé por qué te sorprendes. Sólo un idiota como Ken no despertaría ante una situación así.
- Creo que Yohji-kun dijo algo parecido el día de hoy.
- ¿Quieres dormir conmigo? - preguntó, clavando su vista en los ojos del chibi, haciendo que este bajara la cabeza y asintiera con la misma. Aya descorrió las sábanas -. Ven.
El aludido se acostó a su lado, dándole la espalda, acto que Aya imitó al poco tiempo.
Aunque Omi trataba de no ponerse nervioso, podía oír claramente la respiración de Aya y, si agudizaba el oído, hasta los latidos de su corazón. Pero aquella barrera que él mismo se había impuesto se fue al demonio al sentir la respiración de Aya sobre su cuello, exhalando un sonoro suspiro.
- Omi, no me has dicho lo que ibas a decirme…
- ¿Qué?
- Date la vuelta - sentenció el pelirrojo, clavándole la mirada -. No es agradable hablarle a tu espalda.
El aludido se dio vuelta y lo miró, cubriéndose con las sábanas hasta la altura de la nariz…
- Nani? -preguntó.
- ¿Qué ibas a decirme?
- Nada - respondió, desviando la mirada.
- ¿No vas a decírmelo? - preguntó, sonriendo.
- Iie.
- Ya veo - dijo, haciendo una pausa, luego -. Entonces, te castigaré hasta que me lo digas.
- ¿Qué?
- Sí - tomándolo de la nuca -. Te besaré hasta dejarte sin aire, te abrazaré hasta que ya no aguantes las ganas de gritarlo. ¿Me lo dirás? ¿O estás dispuesto a sufrir?
Omi se aferró a la camisa de Aya y asintió con la cabeza.
El pelirrojo se sorprendió, pero luego sonrió y besó con dulzura la cabeza del chibi.
Acaparó sus labios con suavidad y muy lentamente se adentró en su boca, entrelazando su lengua a la suya. Pudo sentir, como al poco tiempo, los brazos de Omi rodeaban su cuello. Con la mano que tenía libre lo atrajo hacia él, abrazándolo por la cintura.
Ninguno de los dos se percató del tiempo que se habían quedado así, besándose.
- A…Aya-kun… - susurró Omi, sintiendo los labios de Aya sobre bajando sobre su pecho -. Basta…, por favor…
Incorporándose, el pelirrojo lo miró.
- ¿Tienes miedo?
El chibi asintió.
- Yo… No lo sé… Sólo sé que… te amo.
Ante la confesión, se hizo presente un sepulcral silencio que no quiso romper. En vez de eso, esperó a que su oyente respondiera a la misma.
- Al fin lo dijiste - musitó, finalmente, sonriendo tiernamente -. No tienes idea del tiempo que esperé por esas palabras, Omi.
- Aya-kun…, ¿tú…?
- No podía dejar caer esta máscara que me impuse desde la muerte de mis padres, desde que Aya quedó en coma. No si no sabía cuáles eran tus sentimientos por mí.
- ¿Me… amas? - musitó Omi -. ¿Aunque yo sea…?
- No me importa quien seas. No me importa tu pasado. Sólo déjame ser tu futuro. Nada más te pido eso.
Dos lágrimas recorrieron el rostro de Omi. Eran lágrimas de felicidad. Había sido tan egoísta todo ese tiempo. No había tenido el coraje suficiente para sincerarse.
Aya secó las mismas con ambas manos.
- Omi…, te amo…Te amo, desde la primera vez que te vi… - besando los labios del pequeño -. Te amo…

Al día siguiente, el rayo del brillante sol despertó a Omi.
Se restregó los ojos y se sentó en la cama.
- ¿Aya-kun? - miró para todos lados, sin localizarlo. Pero una pequeña cajita color añil, con una orquídea a su lado, sobre la mesa de luz le llamó la atención. La tomó entre sus manos y la abrió. Dentro había una pequeña tarjeta, era un mensaje de Aya: Gracias por mostrarme que hay luz incluso en las más profundas de las tinieblas, en lo más bajo del abismo. Te amo. Omi sonrió. Levantó la tarjeta y halló una fina cadena con un dije en forma de cruz plateada, calada. Tomó la orquídea e inspiró su aroma -. Así que este es tu verdadero nombre…

En la florería, Ken estaba haciendo el reparto, por lo que los únicos que se hallaban en el local eran Aya y Yohji.
- ¿Cómo les fue ayer? -preguntó el pelirrojo, regando unas fresias.
- Bien…Las chicas quisieron ir a un karaoke que está abierto las 24 horas. No me extrañaría que Ken aparezca con un golpe en la cabeza o algo así - dijo Yohji -. ¿Y a ti?
- Normal - respondió, sin inmutarse por la pregunta y sin dejar de lado las flores -. La muchacha no se presentó.
- ¿No?
- Para nada - dijo Aya volviendo su vista a Yohji, sonriendo pícaramente.
- Ya veo. Aya…, suerte.
- Gracias, Yohji. Igualmente.
- ¿Crees que algún día Omi sienta el peso de su apellido?
- Espero que para eso, pase mucho tiempo - respondió, mirando la nada a través de la ventana del local.

Omi recibió una llamada. Estaba ya listo para bajar a atender la tienda.
- Moshimoshi?
- "Es hora de que te hagas cargo de quien eres realmente" - dijo, del otro lado, una conocida voz femenina.
El aludido se sorprendió. Acto seguido, bajó la cabeza, tomando la cruz que se hallaba alrededor de su cuello con la mano izquierda.
- Ha… Hai… - dijo. Levantó la cabeza, su mirada estaba cargada de tristeza y pesadumbre -. Voy para allá.
Omi volvió a su cuarto y se vistió con un traje. Se sintió otra persona al verse en el espejo. Sí, eso era: otra persona. Una completamente distinta. En su vida, ese Tsukiyono Omi que le habían impuesto cuando lo rescataron de las garras de sus secuestradores, estaba a punto de morir.

 
AsenathFecha: Viernes, 01-07-2011, 9:18 AM | Mensaje # 2
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Hiciste que recordara lo mucho que me gustaba esta pareja D:
Es raro ver gente que aún haga fics de Weiss, GJ o3o)b
 
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